El fútbol son demasiadas cosas
Hacía ya algún tiempo que no entraba en uno de los circos romanos actuales, en los que veintidós gladiadores luchan por apoderarse de un balón. Quizás por eso me había olvidado de cómo se vivía ese enfrentamiento en las gradas atestadas de gente de todas las clases sociales. Pensaba que se había rebajado la tensión extrema, con la que no pocas personas viven un partido de fútbol. Pero según lo que pude experimentar hace unos días, poco o nada ha cambiado desde mi anterior visita hace unos años a uno de los coliseos del imperio futbolero.
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