28/11/2019

Una sociedad llena de miedo y odio

Por Pedro Lechuga Mallo

Miedo. Eso es justamente lo que da la utilización sin escrúpulos e interesada del miedo. Es cierto que no estamos ante un fenómeno nuevo, pero pensaba que aunque sólo fuera por mera supervivencia, seríamos capaces de vacunarnos ante los aldabonazos de pánico que lanzan desde las trincheras físicas e ideológicas que algunos han cavado. Es paradójico que vaya a ser el miedo, un instinto que ha servido a nuestra especie para esquivar los males que nos acechaban, el que agriete los pilares sobre los que se sustenta el engendro actual en el que se ha convertido nuestra sociedad.

Han conseguido que vivamos con miedo a todo y a todos. Y la prueba más evidente de este terror que se ha apoderado hasta de nuestra última neurona, es que cada vez es más alto el porcentaje de gente que ejerce su derecho a voto en unas elecciones no a favor de alguien, sino en contra de otro por un puro instinto de supervivencia erróneo. Y aquí no nos engañemos, participan todos sin excepción, insisto, no se libra nadie, por mucho que algunos acólitos descerebrados enarbolen la bandera de la verdad absoluta y escupan de sus bocas sin ruborizarse que el miedo que utilizan los suyos es el bueno, mientras que el empleado por los otros es el malo. Claro que hay niveles de la manipulación a través del miedo, pero hasta en la dosis más ínfima, éste no hace más que infectar de odio nuestras vidas.

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