Dejando a un lado la sincronicidad de que el día que se desclasificaron los papeles del 23-F falleciera el teniente coronel Antonio Tejero, cabeza de cartel del intento de golpe de Estado, lo que más me ha sorprendido es la transmutación que ha llevado a una cortina a convertirse en alfombra.
Lo que algunos definían como una cortina de humo impulsada por el Gobierno para tapar no pocas miserias se convirtió en una alfombra roja para el regreso del rey emérito. Y si había alguna duda al respecto, ya salió a la palestra Feijóo pidiendo su vuelta a España con todos los honores. O me he perdido algo o, hasta donde yo sé, el cazador de elefantes con mala pata no se fue de Erasmus de la Tercera Edad a Abu Dabi por su papel más o menos afortunado durante el golpe de Estado.
Tantos años esperando a que se desclasificaran los documentos secretos del 23-F, que las expectativas generadas han distado mucho de la cruda y poco conspiranoica realidad. Todos esperando conocer claves ocultas de ese hecho histórico y resulta que, salvo ciertos detalles curiosos y con poca importancia, ya sabíamos todo lo que había ocurrido. Para algunos, decepcionante, y para otros, seguro que un alivio. Este es un claro ejemplo de que, cuando algo se mantiene en secreto, se generan todo tipo de teorías sin que estas se puedan confirmar o desmentir. Lo extraño en este tema es por qué se ha mantenido tantos años como secreto algo que ya sabía todo el mundo.
Lee aquí el artículo completo publicado en La Nueva Crónica.