09/05/2026

No me llames traidor

Por Pedro Lechuga Mallo

El mundo de los espías y los infiltrados está rodeado de un halo de intriga y curiosidad difícilmente inigualable. Puede que las novelas de John le Carré y las películas de James Bond nos hayan inoculado esa manera tan especial con la que percibimos las historias de personajes que conviven diariamente con la traición, porque, si algo hacen los espías y los infiltrados, es traicionar a sus objetivos e incluso, en ocasiones, hasta a sí mismos.

Y ese concepto, el de la traición, fue el que trajo a León al periodista y máximo experto sobre espionaje en España, Fernando Rueda. La Asociación de Periodistas de León y el Colegio Profesional de Periodistas de Castilla y León tuvieron a bien invitarle a presentar su libro ‘No me llames traidor’, una novela basada en la historia real de Roberto Flórez, el único espía español condenado por ser agente doble y vender información confidencial a Rusia.

Escuchar a Fernando Rueda desgranar los entresijos de esta historia y contar, como si nada, las virtudes y vergüenzas de nuestro CNI y de otros servicios de inteligencia te hace trasladarte a una película en la que tú llevas una gabardina con los cuellos subidos y un sombrero ocultando tu rostro mientras caminas por una calle empedrada y escuchas detrás de ti las pisadas de alguien que te persigue. Pero, más allá de las imágenes creadas en nuestro subconsciente por el cine y las novelas de este género, lo más destacado de Fernando Rueda es que se centra en el lado humano de los espías y los infiltrados, porque, aunque nos parezcan seres sobrenaturales, también tienen momentos en los que dudan de si están haciendo lo correcto y les asaltan fogonazos de cierta culpabilidad por sobrepasar algunas líneas rojas y no tener muy claro a quién deben guardar lealtad.

En la presentación de su libro y en las entrevistas concedidas a medios de comunicación durante su paso por León, sacó al ruedo de los dilemas morales y éticos el concepto de la traición, preguntándose qué motivos tendría cada uno de nosotros para traicionar a nuestro país. Sin olvidarse tampoco del camino inverso, es decir, qué podría llevar a un país a traicionar a uno de sus ciudadanos y, en especial, a aquellos que se juegan la vida, literalmente, por él. Este dilema está presente a lo largo de todas las páginas de ‘No me llames traidor’, en las que el lector tiene que decidir si Roberto Flórez, renombrado como Beto Romero en la novela, fue realmente un traidor o si fue su país quien le traicionó a él.

En un mundo en el que abundan las deslealtades, solo tengo una certeza, que Fernando Rueda no ha traicionado ni traicionará nunca al lector.