Desayuno de realidad. Esta es la mejor definición para calificar el encuentro organizado por la Fundación Alimerka en León y en el que tuve la ocasión de participar. Como tenemos la suerte de vivir en el mal llamado primer mundo, es necesario y saludable mentalmente recibir de vez en cuando una bofetada de realidad que nos ponga en nuestro sitio y nos haga avergonzarnos de nosotros mismos.
Tengo que reconocer que, en solo unos meses, el continente africano me ha propiciado dos puñetazos en la boca del estómago, dejándome sin aire para respirar. El primero de ellos fue tras la lectura del libro ‘Cobalto rojo’, que me recomendó mi colega de profesión Tamara Crespo y que habla sobre la situación inhumana que viven miles de personas en el Congo para que nosotros tengamos móviles de última generación. Y esta semana han sido una serie de bofetadas verbales en francés, mientras el hermano capuchino y director de la ONG Franciscanos-Benin, Auguste Agounkpé, nos contaba la situación de los ‘niños brujos’.
Es imposible no replantearse muchos esquemas mentales cuando te dicen que la vida de un niño depende de la manera en la que nace y de cómo es su dentición. Y es que, en algunas tribus de la parte norte de Benín, los niños que nacen de pie o de nalgas, o cuyos primeros dientes salen en la encía superior, son acusados de ser niños brujos y, para evitar su influencia negativa en la tribu, incluso pueden ser asesinados. Aunque aquí esto nos pueda parecer increíble, siglos de creencias y tradiciones hacen que el simple azar determine si un niño debe vivir o morir.
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