Aunque se podría decir que la música es prácticamente inmortal, lo que también es una obviedad es que quienes, a través de su inspiración, le dan vida se enfrentan, de mejor o peor manera posible según los casos, al inexorable paso del tiempo. Y cómo no, aquellos que la escuchamos no somos una excepción y también envejecemos junto a los cantantes que nos han acompañado durante nuestra trayectoria vital.
Esta semana Carlos Goñi visitó León con la actual gira de su grupo ‘Revólver’ y allí se presentó un servidor para escuchar en directo al artista al que comencé a seguir hace más de tres décadas. Cuerpos maltratados por el lógico paso del tiempo, no pocas cabezas masculinas faltas de pelo y alguna que otra cana en el público femenino dejaban patente la media de edad de aquellos que, siendo jóvenes, escuchábamos ‘El roce de tu piel’ o ‘Faro de Lisboa’ y un puñado de años después seguimos disfrutando al cantar esas letras que nos marcaron una etapa de nuestras vidas.
Antes de que comiencen a pensar que no asumo el paso de los años, decirles que sí lo hago con entereza, pero no por ello dejo de pensar con cierta sorna e ironía lo que fuimos y en lo que nos hemos convertido. Mientras escuchaba ‘Si es tan solo amor’ retrocedí hasta finales de los noventa cuando Carlos Goñi tocó en unas fiestas de Zamora. Por aquel entonces el que les escribe estudiaba en Salamanca y ni corto ni perezoso me metí en un autobús para ver su concierto, sin importarme que el primero de vuelta no salía hasta bien entrada la mañana siguiente, por lo que no tuve más remedio que dormir en la estación. Mientras pensaba en esta locura pasada y hablaba con un grupo de conocidas que estaban a mi lado, empezaron a caer algunas gotas, a lo que una de ellas abrió el bolso e hizo el ademán de sacar un paraguas, lo que sin duda alguna delató lo lejos que quedan ya los años en los que a uno lo último que le preocupaba cuando iba a un concierto era mojarse o tener que dormir en un banco.
Cada vez que me enfrento a estos claros ejemplos de cómo la música envejece con uno sin darse cuenta, me muero de curiosidad por saber cuál será el panorama que habrá dentro de cuarenta años cuando mi hija, que en la actualidad tiene quince, vaya a un concierto de Rosalía, Bad Bunny o Taylor Swift. Porque al igual que nosotros en su momento no nos parábamos a pensar que el tiempo corre para todos, ella y sus amigas no se imaginan que ellas mismas y sus ídolos también envejecerán y que más de una, aunque no se lo crea en la actualidad, cuando salga de casa hacia el concierto se dará la vuelta para coger un paraguas, no vaya a mojarse.