Preñados de ridiculez
He perdido ya la cuenta del número de columnas que he escrito con evidencias palpables de que estamos al borde de la extinción. El único consuelo es que solo nos extinguiremos los seres humanos, por lo que, al menos, así el reino animal y la Tierra se librarán de nosotros, que no es poco. Puestos a elegir, reconozco que hubiera preferido que nos extinguiéramos, por ejemplo, debido al impacto de un meteorito, lo que da al drama cierta épica. Pero, visto lo visto, seremos nosotros mismos, con la ayuda de nuestra estupidez, los que nos autodestruiremos. La última prueba de que estamos más cerca de la extinción es la moda de los ‘baby showers’.
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